Si prendió el televisor durante el pasado fin de semana para ver los eventos deportivos en cadena nacional, sobre todo el magno evento dominical del super tazón 43, se habrá dado cuenta de unas horrorosas interrupciones ordenadas por un IFE tiránico y jodón que por varios minutos nos presentaba espots electoreros que contenían desde un Jesús Ortega cocinero corrigiendo a una menor en la pronunciación de la palabra “privatización”, hasta una Silvia Irabien muy convencida del guión que le dieron a leer donde defiende la igualdad y hasta promociona ella muy mariguana la regulación del mercado de las drogas. Las interrupciones, por demás molestas, pueden leerse como una protesta más del duopolio televisivo conformado por Televisa y TV Azteca, que tocados en sus intereses económicos fueron impedidos a recibir el siempre buen billete que pagan los partidos políticos para difundir sus mensajes electoreros, siempre alejados del México real.
Ante las esperadas protestas del grueso mexicano que gusta de ver el fútbol los fines de semana, hoy el IFE se deslindó de haber ordenado a las televisoras insertar los aburridos mensajes en medio de los entretenidísimos encuentros deportivos. Por su parte el priísta Jesús Murillo Karam calificó como “un acto de mala fe” el que las televisoras hayan insertado los espots en medio de las transmisiones televisivas.
Y mientras si son peras o son manzanas, lo único cierto es que la partidocracia mexicana está, hoy mas que nunca, alejadísima del México real que ya siente los estragos del catarrito convertido en catástrofe financiera, que suma a varios miles de mexicanos a las filas del desempleo, y que en medio de un año electoral, el susodicho IFE aprobó por unanimidad entregar a los partidos políticos recursos superiores a los 3 mil millones de pesos, además de fijar en 812 mil pesos el tope de gastos de campaña para cada aspirante a una diputación federal. El despilfarro de recursos públicos será siempre condenable, máxime si la coyuntura económica actual demanda austeridad, por lo que aprobar 812 mil pesos para que una ex cantinera se promocione e intente ganar una diputación, merece el repudio generalizado de la población, más aún cuando es la misma clase política que despilfarra dinero la que hace apenas unos días pedía a los buenos y aguantadores mexicanos “apretarse el cinturón”. Ante el desolador panorama de la política mexicana, mejor deseamos un bonito inicio de semestre a toda la comunidad y decimos adiós ¡desde la oficina de este pesimista redactor que ya no aguanta tanto espot electorero!
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