jueves, 22 de enero de 2009

La era Obama

Lo ocurrido el pasado martes 20 de enero en Washington es ya parte de la historia mundial. Millones de estadounidenses se congregaron para presenciar la toma de posesión del presidente número 44 y además del primer presidente negro en la historia de Estados Unidos. De audaz campaña y discurso, Barack Obama protestó como nuevo presidente de la primera potencia a nivel mundial. Durante su primer discurso como presidente de los Estados Unidos, llaman la atención frases como “La pregunta que nos hacemos no es si nuestro gobierno es muy grande o muy pequeño, sino si trabaja, si ayuda a las familias a encontrar un empleo con un salario decente, un sistema de salud que puedan costear, una jubilación digna”… “si no se le vigila, el mercado puede descontrolarse, y una nación no puede prosperar durante mucho tiempo si se favorece sólo los ricos”. Obama dejo entre ver un nuevo viraje en la política estadounidense, que seguirá siendo sin duda de corte neoliberal, pero esta política y esta ideología habrán de renovarse, de reestructurarse y será ese el sello de la administración Obama, la renovación, la reestructuración de un Estados Unidos que se ha visto mermado por las malas políticas y directrices de un gobierno saliente encabezado por George Walker Bush, quién llegó al poder en medio de sospechas de fraude electoral y que dio dirección a su administración tras los ataques del 11 de septiembre del 2001 para en defensa de la “libertad y la democracia” iniciar una invasión a Irak aludiendo a la presunta existencia de armas de destrucción masiva que nunca fueron encontradas. La acción bélica representó para Estados Unidos un histórico déficit público, en cambio, para la cúpula de poder informal que rodea Washington significaron contratos millonarios que volvieron a la élite millonaria aún más próspera.

El novedoso discurso de Obama cautivó a los estadounidenses y también a todo el mundo. Llenó de esperanza a un país y un mundo que observa como las estructuras políticas y económicas comienzan a colapsarse y que en medio de una crisis económica y financiera que se presenta más peligrosa que la de 1929 urge un replanteamiento del mercado. Obama fue claro, no se replanteará el sistema de producción, éste seguirá siendo capitalista de corte neoliberal, empero, señaló que la cuestión será la discusión de si el aparato gubernamental favorece a las clases trabajadoras, si garantiza el acceso a derechos como la educación, el trabajo o la salud. Se tratará de un esquema proteccionista, leo entre líneas.

Las prioridades de la administración Obama son muy claras: economía e Irak y Afganistán. Anunciando un plan de infraestructura sin precedentes, el primer presidente afroamericano en la historia de Estados Unidos buscará reactivar la economía de su país, fomentando la generación de infraestructura y con ello empleos para estimular el consumo y así reactivar la producción. Ha urgido también a los bancos a hacer fluir el crédito nuevamente y tras haber sido partícipe en la votación de aquel millonario plan de rescate (el plan de 700 mil millones de dólares presentado por la administración Bush), el crédito no fluye y Estados Unidos se ve hundido en una espiral deflacionaria. Su gabinete económico tiene una monumental tarea que de ninguna manera será sencilla de sortear. La segunda prioridad, que es retirar las tropas de Irak y Afganistán ha comenzado ya, y es que Obama ha notado que mantener injerencia en países tan lejanos representa un increíble costo que ahora Estados Unidos no está para pagar. Ha olvidado quizá que ahora el conflicto internacional se sitúa en Gaza, donde el principal aliado económico y comercial de Estados Unidos, Israel, inició una ofensiva voraz e inhumana contra la población civil de Gaza y que argumentando “autodefensa” inició lo que a toda luz podría ser catalogado como un genocidio; habrá que esperar cuál es la postura del recién nombrado mandatario.

Obama tiene a su favor una aprobación que casi el 70% del electorado estadounidense, además, su partido será mayoría en el Congreso lo que podría significar la aprobación sin trabas de las medidas dispuestas por el mandatario para mejorar la situación en su país. En Obama está centrada la esperanza de millones de personas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. La esperanza podría resultar contraproducente, sobre todo si se toma en cuenta que los problemas que enfrentan Estados Unidos y el mundo demandan atención y solución inmediata. En la medida en que las disposiciones adoptadas por el afroamericano no surtan un efecto inmediato, estallarán nuevos brotes de inconformidad social, las cuales atizarán el problema que es de por si ya mayúsculo. Obama ha demostrado liderazgo y capacidad para sortear obstáculos; a la esperanza habrá que sumarle paciencia (fórmula nada popular) y a Hussein Obama (la historia tiene sus curiosidades) habrá que desearle mucha suerte.

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